domingo, 3 de julio de 2011

El Arquetipo, relatos de una búsqueda, IV. Relatos desde un infierno personal

“Silencio, es el resultado más efímero de una historia inconclusa”, Final.

Estrella, pensar en ella me hace recordar muchos sucesos que pasaron en mi vida luego del día en que la encontré. Precisamente es ella, la dama por la que había luchado en silencio durante tanto tiempo, y por la cual, hoy me encuentro en este lugar frío e incierto. Hay tres cruces enterradas en la arena, a mi lado derecho e izquierdo respectivamente se encuentran dos sujetos, los cuales se disputaron el territorio de mi mente, y en el centro se halla mi realidad a la cual yo represento, y a la que ya no puedo diferenciar de mis sueños.

La sed me carcome la garganta, y mis brazos se sienten muy pesados, me hallo en una posición de sujeto crucificado vanagloriado como consecuencia de su dolor, pero en realidad, a mis lados hay dos columnas, en cada una de ellas están aferradas unas cadenas que se extienden hasta mis manos, amarradas por un par de grilletes. No puedo separar mis piernas, ya que hay otro grillete en mis pies que a su vez se conecta con otra cadena que se encuentra, en la distancia exacta, aferrada al suelo. Mi cuerpo se halla templado y formando una cruz, pero nada sostiene mi espalda. La soledad es un paraíso, aquí no hay sueños, esperanzas o situaciones que me permitan decir que vivo. Prisionero de mi mente, prisionero de la realidad, es exactamente lo mismo, encadenado añoro que exista un motivo para luchar.

Miro a mi alrededor, fácilmente puedo observar hacia abajo, ya que los tres estamos en la cúspide de una pequeña montaña, veo que se acercan personas aunque no puedo tener certeza de ello ya que solo distingo sus sombras. Somos el centro del espectáculo, escucho voces murmurando y de vez en cuando voces sorprendidas y señalándonos. A mis lados, mis dos compañeros con la mirada baja, no dicen nada, no expresan nada, aunque a veces puedo sentir pequeñas señas del disgusto del caballero de la capa negra, su realidad es la verdadera dice él, pudo evitarme todos estos inconvenientes, afirma. Arriba de nosotros, solo hay un cielo oscuro, es nocturno, pero carece de estrellas. Dicen algunos relatos de memorias de un tiempo ya extinto que en este lugar una vez cada cierto tiempo viene la luna llena y luego desaparece, creo que hoy la he visto tres veces. Siento frió, es el frió de una alcoba que me trae cierto remordimiento, es el frio de la nostalgia, o como decía José Asunción Silva “era el frio de la muerte, era el frio de la nada”.

Cruces, es el lugar en donde actualmente me encuentro, y mientras rememoro los recuerdos de la primera vez que vi a Estrella y las consecuencias que esto trajo incluso a mi determinado destino, me siento solo, alejado de la más infinitesimal posibilidad de cambiar esta situación. El punto necesario de partida, lo que vi en ese pasillo aquella tarde, una ausente determinación y mi propósito de llegar aquí erróneamente tal vez para enfrentar mi inexorable final, todos estos sucesos son una serie de eventos necesarios que me consumaron hasta este punto. No hay respuestas.

Ocho veces en el día, a mi alrededor se levantan siete pilares formando una media luna, encima de cada uno de ellos, hay siete sujetos cuyo rostro desconozco, que se lamentan y lloran por siete motivos distintos que muy bien conozco. Es una representación actoral de siete sucesos que acontecieron en mi vida, de siete decisiones por las cuales hoy estoy aquí. Algo o alguien se burla tras bambalinas, quiere que recuerde, que observe ahora como un tercero lo que algún día hice siendo protagonista. No es el momento de hablar de los Siete, mi mente divaga en otro lugar.

La noche oscura a veces viene acompañada de la lluvia, el caballero de la capa blanca susurra a mi oído y me dice que la lluvia purifica la tristeza, sin embargo, dada la situación, esta lluvia me hace sentir más frío. ¿Cómo pude llegar a este lugar?, ¿acaso lo merezco?, son preguntas que constantemente rondan mi cabeza.

- Escape (I)

Stern se encontraba preparándose para su discurso que será la apertura del juicio en mi contra; aunque la palabra “juicio” es inadecuada ya que en sí mismo no hay un proceso, y de hecho, es porque en mi mente no hay leyes, ni Derecho. Las reglas de mi país no se aplican en mi fuero interior. Esto se parece más bien a la práctica de los antiguos romanos antes del nacimiento del Derecho, en donde los oradores daban un discurso y se decidía la suerte del presunto sindicado, si para unos determinados espectadores dicho discurso era convincente, aunque aclaro, careciere de las bases de unas normas establecidas por los asociados o sus representantes o gobernantes. Es simple, Stern habla, luego desde mi cruz puedo decir unas últimas palabras, y todas las sombras que me observan resuelven este particular caso estableciendo su propio criterio de “utilidad”, refiriéndose a lo que yo pueda brindar a un determinado objetivo que desconozco.

Realmente mi condena es un hecho, el discurso, idea de Stern simplemente es un móvil para alimentar este circo que la hace sonreír. Y ésta conclusión la tenían también mis dos compañeros de tormento que obviamente tendrían el mismo final que yo. De los tres, el más deseoso por escapar era el caballero de la capa negra, observaba hacia sus lados, agachaba su cabeza, movía sus manos y sus labios, yo sabía que él quería escapar. Para mí el escape es un gasto de energía inútil, y es innecesario. Pero él pensaba distinto, y diciéndonos en voz alta “tengo un plan”, en cierto tono que evidentemente escuchó Stern, este sujeto visiblemente se regocijaba en su propia esperanza. Su pensamiento fue interrumpido por las palabras de Stern:

-Hola patético malvado, ¿un plan para qué?

- Para escapar.

-Mírense, ¿creen que pueden escapar? (dijo Stern mirándome a mí, yo mantenía mi cabeza agachada, no quería participar en este conversación).

- Así será.

- ¿conoces un método?

- Ves ese lugar (señaló el caballero con su mirada a lo lejos, unas rocas que se formaban como montañas), en ese sitio florecen ciertos sueños en medio de la guerra.

- Te refieres a utopía.

- Exactamente.

En ese momento el caballero de la capa blanca levantó su mirada, el lugar que señalaba el otro caballero, era el mismo, donde él solía pasear cuando estaba sólo en lo que en ese entonces era el reino mental. Cuentan relatos de ese tiempo que el caballero de la capa blanca amaba ese lugar por ser el mismo sitio donde veía que salía el sol. Y es precisamente este último símbolo, “el sol”, la pieza faltante en un rompecabezas que en ese momento la misma Stern había completado con su afirmación.

Algunos días, acostumbran a visitarnos viejos recuerdos o la Soledad y la Locura, llorando por un final que se les sale de las manos. En uno de esos días, el caballero de la capa negra en su afán por escapar le dijo a la Soledad:

- que deseas a cambio de mi libertad.

A lo cual ella respondió:

- No hay forma de salir.

El replicó:

- Existe.

Ella en medio de su evidente tristeza por perder a su irreprochable amante dijo simplemente:

- Busca donde se da paso la luz, utopía.

En su conversación con Stern, el caballero de la capa negra simplemente apostó a que la Soledad aquel día se refería a un lugar en particular, y señaló a Stern el lugar donde sale el sol, por ser el mismo una fuente de luz, y con dicha afirmación de Stern, corroboró que en dicho lugar estaría una llave o por lo menos una clave para salir de Cruces. Aunque había un pequeño problema, cuando los tres fuimos encadenados, ese mismo día dejó de salir el sol. El caballero de la capa negra había llegado a una conclusión, pero tenía un serio inconveniente en la parte de “dar paso a la luz”, pero en ese instante observé al caballero de la capa blanca, hizo una leve sonrisa, él podía salir de ese obstáculo; entonces me miró, y como los pensamientos de nosotros tres conservan cierta conexión, desde su mente me dijo: “hay que llegar a ese lugar, yo me encargo de la luz, pero para eso lo necesito a usted, y para eso usted necesita la ayuda de alguien más”.

Mientras tanto, Stern esperaba una respuesta del caballero, su cara no denotaba que haya sido utilizada o que haya sido objeto de robo de cierta valiosa información, todo lo contrario, expresaba una sonrisa, aparentemente mis caballeros habían elaborado una trampa propia de Stern para que cayeran en ésta ellos mismos. Ella simplemente me miró y dijo:

- ¿Que pasa amor ya te cansaste de hablarme en tus momentos de soledad?, o no te escucho entre tantos gemidos que me hace dar Alejandro en la cama.

Y riendo se fue.

Y más por las palabras, consecuencia de una herida que no cierra, que de mi notable desesperanza, dije a los caballeros:

- Este es mi final, no voy a escapar. El día en que los sueños perdieron sus alas, ese día acepté mi realidad.

- Entonces ódiela y escapamos para vengarnos, me dijo el caballero de la capa negra refiriéndose a Estrella.

- O persiga un motivo, que dejó inconcluso. Dijo a su vez el caballero de la capa blanca refiriéndose a otra persona que no era Estrella.

Los dos caballeros por primera vez en sus cortas existencias trabajaban en equipo, su fuerza junta era probablemente la carta menos débil que yo podía usar estando solo, pero necesitaríamos mucho más que eso para salir de Cruces, aquel plan era el primer paso para lograrlo. Bueno, realmente era el segundo paso, porque el primero, era convencerme a mí de que era útil y necesario escapar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

TEN PRESENTE!!

la violación de los derechos morales y patrimoniales de autor son delitos que se pagan con cárcel IBSN: Internet Blog Serial Number 90-52-051-791