" no te puedo jurar que llegaré como el sujeto adecuado
que escapó de la soledad, sólo para rescatarte del sujeto inadecuado,
pero como humano que soy, busco entre lo sagrado mis sueños,
la fórmula para llegar a "adecuarme"". Samuel P. Oviedo, Flaca.
Bastaron tres cruces enterradas en la arena; la primera, para el sujeto a quien mi mente había llamado el caballero de la capa negra, la segunda para la parte de mí, sobreviviente a los eventos inherentes al contrato con la soledad, a la que denominé el caballero de la capa blanca, y la tercera, para mi ineludible realidad. A veces creo que mi cuerpo está de cabeza, atado de los pies por una cuerda, que a su vez está atada a un asta. Me siento en ese estado, suspendido, girando 180 grados, mientras la sangre que brota de mi rostro me va dejando lentamente inconsciente. Y aun así me pregunto, ¿como llegué aquí?, ¿qué fue del sujeto que venciendo a su más grande temor se propuso iniciar una búsqueda?, ¿quién o qué realmente era mi arquetipo?
Te voy a contar una historia que comienza precisamente dando respuesta a la última pregunta, como en la anterior oportunidad, me reservaré el derecho de revelar los verdaderos nombres, ya que me representaría algunos inconvenientes.
I. Primer relato desde el punto necesario de partida
No creía del todo en lo que me decía una de mis primeras amigas en mi llegada al lugar esperado, aunque los rumores cada vez eran más evidentes, mi amigo, a quien llamaré Alejandro, aprovechando la confianza que le había dado (una confianza tal que para mí era la única puerta de salida para entender el paso a seguir en una batalla pronto a terminar en contra de dos viejas enemigas, y uno que se unía a la danza para llevarme al inframundo), era oficialmente la persona a quien pertenecía el corazón de a quién denominaré Estrella, precisamente ella, el resultado de mi búsqueda.
Recuerdo aquel día, yo llevaba un par de libros en mi mano, era un camino fácil, sólo era entrar por la puerta lateral, entregar los libros en la biblioteca. Y precisamente en ese recinto sagrado donde aprendo día a día lo que más añoro, vi algo, que paralizó mi mente. Este es el punto de partida, lo que pasó en mi mente.
En mi mente había un sobreviviente de la guerra de los dos caballeros del equilibrio natural entre el bien y el mal, él analizaba fijamente de lo que en el mundo real mis ojos observaban, aunque una parte de él sentía un vacío dada la cicatriz hecha por el otro caballero, el cual paradójicamente dejó en sus manos sus sueños.
Por un segundo, el amarillo de los cielos se tornó negro, el aroma de los pocos rastros sobrevivientes de margaritas, se tiñó de azufre. Y surgieron en el aire de repente preguntas, tales como las que Warcry exclama en "inframundo" con las siguientes palabras: "si de toda luz surgió la oscuridad, y de todo bien, surgió de pronto el mal, ¿dime cómo fue?, ¿quién lo permitió?". Lo confieso, era la fuente de oscuridad para mí, menos esperada. Del instantáneo cielo negro descendió una luz blanca, tomando figura de mujer, al mismo tiempo, la arena del suelo se levantó unos cuantos metros mezclándose con el resplandor, el caballero reconocía esa figura, era mi arquetipo, pero sentía un movimiento de pesadumbre en el ambiente. El resplandor tomó forma humana, y de sus recién esgrimidos cabellos sólo se veía una sonrisa, cinco gaviotas salieron de su cuerpo en cinco rumbos distintos, se oyó un susurro, un chillido, un lamento y una carcajada. Ella levantó su mirada, y el caballero, ¡oh pobre sujeto!, observó unos ojos cuyo fondo eran todo un precipicio, solamente tuvo tiempo para desenvainar su espada, pero sus manos, estaban temblorosas, era una batalla que ni él podría soportar, y de su cicatriz brotó la herida, que escena tan deprimente. El ganador de una victoria, recibía a su más dolorosa oponente, hecho él, una laguna de sangre.
El cielo tomó su color natural, pero la arena, se convirtió en prado ¿una señal de luz?, no, solo era gasolina para impulsar el fuego de lo que ella quería que fuera tierra muerta, y el primer enfrentamiento, fue un cruce de palabras; él dijo:
-¿vienes a liberarlo?
A lo que ella respondió:
-Sí
Él replicó:
- Ese es mi trabajo.
Ella respondió:
- No, lo que tú buscas es distinto a mi fin, juega con la soledad, que por mi parte, me preocuparé de su muerte.
Consternado, el caballero entendió que ante él no estaba aquella mujer hecha sueño quien había liberado al artífice de las manos conjuntas de la locura y de la soledad. Ella, era el resultado, de lo que mis ojos vieron en ese pasillo. Había nacido producto del odio y de la ironía, Stern. El escenario era ahora un polígono estructurado en conceptos que definen los arqutipos de Heráclito, estableciendo los principios (Arkhé), su utilidad (Kresis), la causa efecto (Aitia - Pragma) y los Medios (metrios). Y en dicha ecuación, aparecería la figura de un contraprincipio, el arquetipo viciado. Y con esto, vuelvo a la canción de Warcry, preguntándole al destello de la mujer que amo "¿dime cómo fue?, ¿quién lo permitió?".

Próximamente capítulo II.
ResponderEliminarA los que quieran leer la confesión, que es la primera parte de esta historia, está en mis documentos públicos en skydrive, cuyo link también está en mi perfil de facebook.
ole...Samuel...lo descubri! que bien felicitaciones! Me siento orgulloso!
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