Mi querida y adorada Dulcinea, te escribo este sutil y efímero mensaje, para despedirme de la única manera que conozco; escribiéndote.
Perdóname en primer lugar por la claridad de mis palabras, ya que todas las figuras y sonetos fueron absorbidos totalmente por otra persona. Y precisamente es por ella la razón de mi despedida.
Físicamente no te he cambiado por ninguna, incluso mi pensamiento recuerda lo cálido de tus besos. Pero querida adorada mía, tengo el corazón adolorido por otra mujer.
Continuar nuestro camino aun sabiendo que mi llanto reposa en otros ojos es lo mismo que mentirte. Y una mentira no hace parte del sujeto que añoras.
Ya caminamos juntos hasta este punto de esta fria playa, sigue las piedras de este camino de arena, que por mi parte me sumergiré entre las olas.
No te pido perdón por odiarme o por que hagas conclusiones de historias cuyos vacíos llenarás con sana imaginación; solo te pido que no olvides al sujeto que añoraste, al que vivía cada día de un muy corto tiempo regalándote el universo en pocas palabras. Te lo pido de todo corazón, recuérdalo a él, no a mí. Yo sólo soy un triste reflejo de lo que él fue.
Te quiero, lo sabes, eso es lo importante. Llevate ese sentimiento como recuerdo y no la agonía por la que atraviesa mi corazón.


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