Un gato pardo en su habitual camino sin mirar a casa, vio entre el callejón dorado una bola de estambre de manchas rosas. Aquel felino se detuvo, fijó sus ojos en su palpable ideal, y acercándose sigilosamente con su pata derecha la tocó, y la bola de estambre lo tomó bien.
Al día siguiente dicho gato en su habitual camino sin mirar a casa, dio un giro al callejón dorado, para visitar a esa anhelada bola de estambre, no era usual para su voluntad gatuna dar un giro y dar importancia a una de tantas bolas de estambre que acostumbran pasear entre las empedradas calles de los callejones; sin embargo ésta, de manchas rosas, era distinta, su cercanía a ella significaba un cambio en sus pensamientos, en sus principios, en lo que para un gato era moralmente correcto ser tal. Así que una vez más se acercó a su bola de estambre, pero en esta ocasión la tomó con sus dos patas, y ésta se acercó a él, y dejó suavemente caer uno de sus hilares sobre sus patas, el gato sonrió y ella lo tomó bien.
Al tercer día, el gato se dirigió camino a su mayor anhelo, propondría ahora a su bola de estambre que lo acompañará en ese camino sin mirar a casa. Así que se dirigió a ella, la tocó con sus garras y comunicó su deseo, y la bola de estambre de manchas rosas, asintió. Y una vez mas el gato quiso explorar aún más la efímera integridad de su deseo, así que tomó por cuenta propia uno de los hilos, lo desamarró un poco, y empezó a jugar con este entre sus patas. La bola de estambre suavemente desamarraba el hilo un poco más y el gato lo notaba, y sabiendo que era mas dulce para ella ese momento, quiso ir aún mas allá y tomó el hilo entre sus dientes, y la bola de estambre lo tomó bien.
En el cuarto amanecer, el gato siguió su camino sin mirar a casa junto a su bola de estambre, y ambos acostumbraban jugar sólo si no invitaban a jugar al prejuicio. Y mientras caminaban, el camino que tomaban se cruzaba con el callejón dorado, y ambos recordaban los dientes, los hilares entre las patas y la picardía de desencadenar el hilo un poco más. Así que se acercaron a dicho callejón, el gato tomó inmediatamente el hilar entre sus patas, la bola de estambre desamarró un poco más dentro del mismo, y el gato lo tomó dentro de sus dientes; y ahora, ella enredó más hilo dentro de su boca, y éste, con el deseo inquebrantable que tiene todo gato de conocer el hilo final del estambre, escarbó más con sus garras, y con indicaciones de su cómplice, llegó a él. Ese lugar era los más prohibido que entre lo moralmente correcto era para una bola de estambre ser tal, y este gato pardo, había conseguido traspasar esa barrera. Y en esa ocasión, la bola de estambre lo tomó bien.
Tanta maravilla existía en el sentimiento complejo que tenían dicho gato y su bola de estambre, y pese a que el gato tuviere un anhelo más grande, un deseo gatuno que solo los gatos pueden entender, quería seguir jugando de esta forma con su adorada compañera. Así que al quinto día, una vez más ambos cómplices jugaron en su callejón de oro, el gato empezó su ritual, tomó uno de los hilares entre sus garras, lo amarró entre sus patas, y la bola de estambre desencadenó mas hilo, buscó nuevamente el gato el final del estambre, jugueteó con él, pero esta vez, la bola de estambre recordó las reglas que rigen los estambres, así que enredó fuertemente la pata del gato entre un hilar pequeño y la alejó de sí. El felino quedó desorientado, la bola de estambre se enredó totalmente entre su integridad rosa y se alejó unos pasos.
El gato se acercó, y la bola de estambre seguía dando algunos pasos atrás, parecía que no podrían continuar dicho camino, o por lo menos de la misma forma. Pero lo que ninguna de las reglas y preceptos imaginaban siendo testigos de este paisaje, era que mas allá del placer de encontrar el final del estambre, lo que añoraba dicho gato era continuar su camino sin mirar a casa junto a ella. Pero había lejanía, y el gato vaticinaba que no sería lo mismo, siempre debían cruzar por el callejón dorado, y dejar de jugar en este espacio era un engaño para ambos; pero este era el deseo del estambre, siendo entonces ésta una ley inquebrantable para su adorado gato. De esta forma el gato junto a su profecía en la mente tomó la bola de estambre entre sus patas y empezó a maullar hasta que el ocaso lo detuvo.
En el sexto día, ambos acompañantes siguieron juntos su rumbo sin mirar a casa, como es de costumbre llegaron al callejón dorado, pero esta vez sólo lo cruzaron, y al final del mismo, la bola de estambre mirando al gato, se acercó a él y dejó que el gato la tocara con sus garras. El felino entonces tomó un poco de hilo, y lo amarró entre sus patas, sin embargo el hilo se tornó fuerte, y éste no podía desamarrar más del mismo. Era la voluntad del estambre con el inocente deseo de hacer bien al gato. Pero había un problema, una vez el gato conoce el final del estambre, y el estambre siente que lo ha descubierto el gato, volver a un estado de curiosidad efímera entre las garras del gato y los hilares superiores, es para ambos un poco menos llamativo, y finalmente un poco menos juguetón.
Entonces sucede algo en la curiosidad gatuna, no puede él mismo volver al primer día, siendo el sexto, y tampoco puede quebrantar la voluntad de su acompañante. Además, es difícil para el estambre asimilarlo cuando los hilares interiores desean cada vez más ser descubiertos en la parte superior. Luego, en ese deseo se sentirá acongojada de que su gato olvidara los tiempos en que jugueteaban en su dorado callejón, pero a su vez, queriendo actuar dentro de las reglas adoptaría una posición de limitar el gato buscando inocentemente un día anterior al ya vivido. Todo esto lo pensó el gato mirando la luna llena sobre un tejado mientras las gotas de lluvia mojaban sus bigotes. Sin una respuesta clara, el camino sin mirar a casa será reiterativo, o peor aún, será distinto para ambos cómplices. Luego el dilema ¿en quien estaría?, ¿en el gato pardo? o tal vez ¿en la bola de estambre rosa?
Mente Percepcionista
domingo, 21 de julio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
Rumbo a mi hogar
Si encontrara un mejor lugar para un comienzo,
sería el del camino que empieza viviendo entre tus brazos,
buscaría una luna llena, la cubriría de besos,
buscará la música que estremece tu corazón
y la desbordaría de sonrisas.
Amor mío, se que nuestro punto de origen
a veces no es siempre el que mas añoramos,
hay días en que el llanto perturba el río de nuestras emociones,
las ausencias de quienes adoramos son fantasmas,
que nublan nuestra mirada a otra realidad.
Mas también hay días en que sale el sol,
en que vemos la luz emerger de la noche.
Y después de tanto caminar entre una selva muda
te hallé, y escuché el sonido del mañana.
Aquel día viste una silueta, que se acercó a tus labios,
esa silueta era el sol que renacería en el amanecer de tu corazón.
Si encontrara un mejor lugar para un comienzo,
sería el del camino que empieza viviendo entre tus brazos,
pero no podemos elegir donde empezar, sino por donde andar,
es por eso que viajo rumbo a mi corazón que se encuentra en tus manos.
Eres mi patria, mi música hecha sonrisas, mi luna llena de besos,
Y tus brazos, ¡oh tus brazos!, es a lo que llamo "mi hogar".
sábado, 11 de mayo de 2013
Recuerdo II
Sólo hay un recuerdo del que me quiero desligar,
lo buscaré en mi pensamiento y simplemente lo eliminaré.
Lo ahogaré en un mar entre copas rotas, dispersas entre las gaviotas
que vuelan hacia el amanecer insto de un deseo efímero.
Y si de esa forma no se va,
lo canjearé por penas de alguien más;
incluso le propondré al sujeto que derramaré sus lágrimas
y guardaré sus lutos, sólo si recibe este recuerdo,
¡entre algarabía o silencio! me da igual.
Y si aún así no abandona mi mente,
dejaré una nota en alguna tierra baldía,
para que cualquier caminante sin predio
lea mi petición de enterrar este recuerdo,
o de usarlo para cualquier fin que disponga,
con tal de que no vuelva a mí.
A quién engaño, nadie vendrá por él.
Sólo hay un recuerdo del que me quiero desligar,
y aunque sustituya mi mente, este no se irá,
por que ha superado mi mente y se ha aferrado a mi corazón.
lo buscaré en mi pensamiento y simplemente lo eliminaré.
Lo ahogaré en un mar entre copas rotas, dispersas entre las gaviotas
que vuelan hacia el amanecer insto de un deseo efímero.
Y si de esa forma no se va,
lo canjearé por penas de alguien más;
incluso le propondré al sujeto que derramaré sus lágrimas
y guardaré sus lutos, sólo si recibe este recuerdo,
¡entre algarabía o silencio! me da igual.
Y si aún así no abandona mi mente,
dejaré una nota en alguna tierra baldía,
para que cualquier caminante sin predio
lea mi petición de enterrar este recuerdo,
o de usarlo para cualquier fin que disponga,
con tal de que no vuelva a mí.
A quién engaño, nadie vendrá por él.
Sólo hay un recuerdo del que me quiero desligar,
y aunque sustituya mi mente, este no se irá,
por que ha superado mi mente y se ha aferrado a mi corazón.
domingo, 17 de febrero de 2013
Se arrienda mi corazón
Arriendo mi corazón a cualquier inquilino que disponga de los medios,
preferiblemente mujer de alma blanca
que vea en la dulzura de los sueños
la ecuación en entredicho de una inagotable sonrisa.
Posiblemente mi arrendatario tendrá identidad propia,
o será un ente carente de visibilidad,
un suspiro, un ideal, o una foto de algún
invento soñado de mi imaginación.
De tener identidad se lo arriendo a un pintor,
otorgándole un permiso para que describa un paisaje en las paredes,
de alguna guerra entre un caballo y un becerro,
o entre los adoradores de uno y del otro.
Si es carente de visibilidad, que sea su inquilino el viento,
pero sólo si lleva entre su equipaje las voces
de quienes mirando el firmamento gritaron un deseo.
No quiero que se escuchen los deseos,
sólo su fuente de inspiración, que resuene como eco.
Le arriendo mi corazón al suspiro de viejos amores que nublaron mi conciencia,
no es por las personas sino por la sonrisa que me inspiraron su presencia,
y quiero que el suspiro tenga un sabor a estrella,
con un parfum de fenme, siempre que llegue de alguna brisa de otoño.
Que el ideal como arrendatario sea de los sueños más allá de los sueños,
del resultado de algún sacrificio en la mente
que surgió de las cenizas por labrar su propia realidad,
crucificado o en la caprichosa soledad, da igual,
pero que sea un objetivo construido sin ser descubrimiento.
y si es a una foto, que sea de mi lugar perfecto,
del labrador ladrando sobre el prado, mientras los niños corren tras su cola,
observándolos junto a mi esposa en mi mecedora en movimiento.
Arriendo mi corazón a cualquier inquilino que disponga de los medios,
preferiblemente mujer de alma blanca,
que no sólo lo habite, sino que lo reconstruya,
y haga de él un mundo superior al de aquel viejo anaquel
que terminó siendo un recuerdo de papel.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Recuerdos
Tengo una deuda en el alma
que no se paga con las copas,
ni con otra mujer amada,
ni con las cartas rotas.
Vienen y van los recuerdos
de desdichados tiempos,
el cuerpo sigue su rumbo
y la mente es sólo un pasajero.
Pero es el corazón etéreo
que da vida al momento,
y lleva a la mente un aguacero,
y a la sensación del cuerpo
a retroceder el tiempo.
El cuerpo es de otra época,
sintiendo desconocido un pasado adverso,
sin embargo contiene el alma
que conserva una herida hecha fuego.
El alma en causa vana,
me indaga por ese vacío,
reclamándome un precio
por tan alto sacrificio.
Pero esta deuda carece de saldo,
y el olvido carece de tiempo.
que no se paga con las copas,
ni con otra mujer amada,
ni con las cartas rotas.
Vienen y van los recuerdos
de desdichados tiempos,
el cuerpo sigue su rumbo
y la mente es sólo un pasajero.
Pero es el corazón etéreo
que da vida al momento,
y lleva a la mente un aguacero,
y a la sensación del cuerpo
a retroceder el tiempo.
El cuerpo es de otra época,
sintiendo desconocido un pasado adverso,
sin embargo contiene el alma
que conserva una herida hecha fuego.
El alma en causa vana,
me indaga por ese vacío,
reclamándome un precio
por tan alto sacrificio.
Pero esta deuda carece de saldo,
y el olvido carece de tiempo.
sábado, 27 de octubre de 2012
Lolita
Su aroma no abandona mi cuerpo,
no olvido la danza de sus piernas,
ni la curiosidad de su boca entre las mías,
bailaba en mis caderas gritando a la almohada.
Lo nuestro era un contrato,
era un arrendamiento de su cuerpo,
no pactamos el amor entre las cláusulas,
su tenencia valía un precio,
¡te he usado y has recibido el pago!
Lolita apareció entre las cortinas,
de un lugar en que los hombres,
emborrachan su desdicha
en la facilidad del placer colectivo.
Sus labios alcanzaron mis oídos,
y tomando su mano suscribí el contrato.
Llegamos a un frío cuarto,
las paredes exhumaban gritos,
y los gemidos movían los colchones.
Ella me guió por ese viaje de bajos deseos
dirigiendo mi boca al lugar adecuado,
el sudor de nuestros cuerpos, los suspiros,
el cuarto era testigo de éstas almas taciturnas.
¡Oh Lolita, que motivos te impulsan en esta dirección!
poco entiendo sus razones, su humanidad es un objeto
que se trade a quien disponga de los medios.
Me siento vacío, desolado,
es un sentimiento del que ella no es culpable,
ella tenía un negocio y yo un propósito,
cambiamos nuestros sueños
entre la relación del objeto y de su precio.
No hay motivo para borrarla de mi mente,
nunca nos veremos, ni diremos más palabras,
desearía que este momento no existiera,
y quisiera tenerla una vez más entre mis sábanas.
Lolita, fuiste tu quien apagó esa luz añorada
del sueño más humano de mi amor más íntimo,
y fui yo quien te condeno a un día más
de sobrevivir en este mundo de placer con desconocidos.
no olvido la danza de sus piernas,
ni la curiosidad de su boca entre las mías,
bailaba en mis caderas gritando a la almohada.
Lo nuestro era un contrato,
era un arrendamiento de su cuerpo,
no pactamos el amor entre las cláusulas,
su tenencia valía un precio,
¡te he usado y has recibido el pago!
Lolita apareció entre las cortinas,
de un lugar en que los hombres,
emborrachan su desdicha
en la facilidad del placer colectivo.
Sus labios alcanzaron mis oídos,
y tomando su mano suscribí el contrato.
Llegamos a un frío cuarto,
las paredes exhumaban gritos,
y los gemidos movían los colchones.
Ella me guió por ese viaje de bajos deseos
dirigiendo mi boca al lugar adecuado,
el sudor de nuestros cuerpos, los suspiros,
el cuarto era testigo de éstas almas taciturnas.
¡Oh Lolita, que motivos te impulsan en esta dirección!
poco entiendo sus razones, su humanidad es un objeto
que se trade a quien disponga de los medios.
Me siento vacío, desolado,
es un sentimiento del que ella no es culpable,
ella tenía un negocio y yo un propósito,
cambiamos nuestros sueños
entre la relación del objeto y de su precio.
No hay motivo para borrarla de mi mente,
nunca nos veremos, ni diremos más palabras,
desearía que este momento no existiera,
y quisiera tenerla una vez más entre mis sábanas.
Lolita, fuiste tu quien apagó esa luz añorada
del sueño más humano de mi amor más íntimo,
y fui yo quien te condeno a un día más
de sobrevivir en este mundo de placer con desconocidos.
martes, 16 de octubre de 2012
Rumbos de naufragio III
- Del náufrago para su estrella en el firmamento-
Mi amada y por siempre adorada Estrella,
Cada minuto, mientras mi cuerpo permanece tendido en la arena, y mientras el golpe de las olas me impide cabalgar en el sueño eterno, no dejo de mirar el cielo. Y aunque tu no eres la causa precisa de embarcarme en este destino irremediable, no dejo de pensarte, de indagarme por las historias de tu mente, por tus palabras, por los pasos que has dado sobre este camino, en el que por tu felicidad, he dejado atrás.
Hace pocos días confirmé con la sacerdotisa los murmullos del pueblo que aseguraban que conocías la profundidad de mis sentimientos, y que noche tras noche mirabas por la ventana el reflejo de la luna, esperando que mi sombra tocara a tu puerta. En esta soledad con el imperdonable sol en mis mejillas, no cesan mis lágrimas pensando en ese futuro alternativo entre los dos. Cada vez que las gaviotas surcan entre los chasquidos de las rocas que me rodean, intento responder a ¿que hubiera pasado si mi sombra hubiera tocado a tu puerta?
Es sensato desde mis entrañas advertir que no puedo vivir entre mis deseos, ¡si es la misma realidad la verdad que siento, porque es la misma que me golpea con la furia de estas olas, y me ha llevado a este punto, atascado en una roca para evitar estar tendido a los pies de una insensata arrogante!, mi realidad es este mundo viendo pasar un velero, mientras te contemplo a ti en el firmamento lejano. Sin embargo, aun en este lugar esperando en algún momento el juicio de la muerte, o una razón para buscar mi libertad condicional, esos deseos junto a ti me hacen feliz.
No dejo de imaginarme que tu y yo estamos en otra playa lejos de este poco entendido mundo, que nuestros niños construyen castillos en la arena, mientras nuestra mascota se asusta con el palpitar del mar, y que ambos caminamos con el agua bajo nuestros pies, tomados de la mano y mirando la puesta de sol, mientras contemplo tus labios.
Ese recuerdo ideal, lejano, me mantiene contento aun en este momento sin tener idea alguna de como escapar de este calvario.
¡Oh, mi amada Estrella!, nunca dejaré de amarte, de sentirte entre mis latidos. Incluso en esta lejanía que nos separa de la misma tierra, cada vez que sé que sonríes, que sujetas de la mano a un misterioso caballero que vive para adorarte, me alegro por ti. Tal vez ese sea el verdadero sentido del amor, procurar por la felicidad del ser amado así no te pertenezca su mirada. Cuanto no daría por convertirme en ese misterioso caballero, cuanto no daría por darte una nueva y mejor realidad; ya lo sabes, te busque entre el susurro efímero del viento, entre los sonidos de los arreboles, y te encontré. Ya lo sabes, este no era nuestro tiempo, tu debiste ser el ultimo de mis amores, para poder ser consciente de que eras tu a quien yo quería para pasar junto a mi los últimos días de mi existencia.
Pero te veo tan lejos desde esta fría playa, yo pertenezco a la arena y tu perteneces al universo. Estamos en zonas muy opuestas. Pero soy consciente, que tal vez algún día camines por esta morada, mientras el viento me dirige a otros rumbos, y es por esa misma razón por la que te dejo plasmado este mensaje entre las piedras.
Quiero entonces dejarte como un temporal último consejo, que sigas siendo feliz, que cuando bailes enamorada, sonrojes tus mejillas, que busques mas de una manera para abrazar a quienes le importas, que no dejes de luchar por los derechos de mi patria y de los que habitan en ella, y que sigas hablando de tu tierra con orgullo, como ese paraíso que adoro, ¡Oh amor mío, dibujaste en mi mente tan hermoso paraíso que algún día pensé que construiría allí nuestra casita de palo!
Vive al son del ritmo de tus principios, que si escapo haré lo mismo. Y si algún día estoy listo, mientras tenga por lo menos una gota de esperanza para mi mas efímero deseo, levantaré mi bandera para luchar por ti para que nuestros niños puedan construir sus castillos en la arena.
Tu siempre enamorado,
Náufrago
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