“Dos pasos detrás de ti, caminando en una sombra que perfuma viejos recuerdos de un tiempo ya obsoleto”. Viejos pasos.
No podíamos esperar más tiempo, era necesario hablar. No lo veía triste, ni melancólico, pero sus ojos reflejaban la ironía de un tiempo entregado por su parte a una relación, con alguien que para ese momento era para mí, otro paso en falso dado por mi bohemio amigo. Y aunque conocía algo de su desenlace, ya que habíamos conversado un día durante el último ciclo de mi periodo de soledad, parece ser que había más cosas que decir. Inesperadamente fue un momento más que todo para hablar de las mujeres, de lo que causa sus decisiones o confusiones, y de su afán por obtener respuestas así sean las incorrectas. Y fue así, con tan sólo una mirada, que decidimos simplemente seguir con nuestras vidas. Reímos mucho, él decía “hay más mujeres en este planeta”, a lo cual yo decía “eso es cierto”, y contándome alguna historia de un beso suyo en un tiempo en el que estaba comprometido, cuyos detalles olvidé, terminamos esa pequeña, pero necesaria conversación. Necesitaba argumentos para enfrentar a la otra señorita, pero la verdad, todo estaba en mí, por alguna razón tanto mi amigo como yo, teníamos un ideal en común (así yo tuviere que haber convivido con la Soledad para entenderlo), y ese ideal, era sencillamente que éste era nuestro momento, ya no seríamos más objetos de los caprichos de alguien más, éramos nosotros quienes devoraríamos el mundo y dejaríamos en serias encrucijadas a quienes hasta ese momento nos habían lastimado de alguna u otra forma.
La conversación pudo continuar incluyendo a otros de mis amigos y sus particulares situación, pero ninguno de estos escenarios era posible, ya que Juanito, estaba entre nosotros,y que, como creyéndose un mesías de una religión que girara en torno a su patética humanidad, el hecho de verme le dio una idea, más para mantener su inestable condición de “profeta”, que para celebrar mi retorno, y con las siguientes palabras, dichas por él, que iniciaría un ciclo para todas nuestras vidas, dijo lo siguiente: “hagamos un grupo”.
Era el momento adecuado, mis amigos me contaron toda la historia del grupo que con tanto esfuerzo habíamos construido tan solo un año atrás, y que tuvo como actividad final de ese año, un campamento, que sería el escenario para una luna que una mujer le dio la connotación de maldita, y cuyo relato narré en una oportunidad anterior. Lo que había sucedido, al inicio del siguiente año escolar (ya que nuestro grupo, era un grupo de nuestro colegio), justo al tiempo en que había empezado mi periodo de soledad, era que mi amigo, quien como yo, era uno de los coordinadores del grupo, decidió continuar con el proyecto, haciéndolo aún más grande. Pero los que aún eran alumnos del colegio, quienes tenían un derecho consolidado, de mayor jerarquía que los que eran ex alumnos (siendo mi amigo ex alumno), se opusieron la idea de mi amigo, y en tan sólo cuestión de tiempo, los docentes, que daban seriedad al proyecto, estaban del lado de sus alumnos, dejando las ideas de mi amigo y de los suyos, a la deriva. Entonces más por odio, que por un arrebato de venganza, mi amigo y los suyos se fueron, dejando el grupo entonces, en manos de quienes eran los legítimos dueños de ese derecho. Por decirlo así, mi amigo era poseedor, pero los alumnos, eran los dueños. Lamentablemente ese grupo ya no existe.
A parte de eso, yo quería formar parte de un grupo, el movimiento que me había formado, ese grupo de personas que pensando en los grupos, me habían dado las herramientas para ser un animador (significa una persona que es líder de un grupo y procura mantenerlo en los ciclos de vida grupal, usando para ello dinámicas y un sentido de espiritualidad), convirtiéndome en el mejor, debo decirlo. Y ahora, con la experiencia que había adquirido en mi etapa de soledad, aprendiendo algo de la regulación de los chakras, de cómo abrirlos y de su representación por medio de colores en la abertura del tercer ojo. Y además como tuve mucho tiempo para pensar, pensé en nuevas ideas para consolidar a mi grupo un proyecto a nivel nacional, y tenía las herramientas intelectuales para ello.
Así que ante la propuesta de Juanito, por más desagradable que haya sido el origen de la misma, yo aceptaría. Y entonces, con la aprobación de todos los presentes en ese lugar de videojuegos, decidimos fundar un nuevo grupo, que tuviera como estandarte, que en principio desconociera a alguno de los colegios que conformaban la comunidad religiosa (a la cual mi colegio pertenecía), no teniendo casa materna. Pero que tuviera como integrantes a alumnos y ex alumnos de cada uno de esos colegios, era un grupo hecho por nosotros y exclusivamente para nosotros. Nada podría salir mal, claro, aunque nada estaba seguro dado que la idea salió de Juanito, así que como era de esperarse, el falso profeta y en vísperas de ser un germen más de la raíz, un falso movimiento, hizo de su idea, el primer motivo, para que hoy, en Cruces, a punto de ser yo el condenado, confiese que el movimiento al cual pertenecí es completamente distinto al que hoy se hace llamar por el mismo nombre, y que han perdido muchos de sus principios establecidos en sus inicios, abusando de un dogma para imponer su propio sistema que busca el consumo y obtener mano de obra barata para consolidar un poder, que para ellos es la facultad de “reservarse el derecho de admisión”, y de cerrarles la puerta en la cara a algunos de sus miembros. Esa reunión de nuestros amigos, buscando un grupo independiente a los colegios, era una mera solución superficial al problema que se presentaba en la base de la pirámide. Ya que los colegios, habían olvidado un concepto, “asociacionismo”, que iba de la mano con otro, “movimiento juvenil”. Lo que no esperábamos, era que ese problema se transmitiría inclusive en la base de la pirámide (incluso hoy es triste hablar de pirámides, ya que el proyecto al cual pertenecí, no hablaba de jerarquías, usaba la figura de un círculo para describir que todos trabajábamos por una misma causa, bajo condiciones de igualdad).
No tuvimos nada más que conversar, ese breve silencio luego de ponernos de acuerdo en la idea de formar un grupo, indicaba que mi reencuentro con mis amigos había terminado, nos pusimos una cita, para la siguiente semana, para establecer las condiciones de nuestro grupo y celebrar la primera reunión, la tercera reunión de dicho grupo, sería dirigida por mí.
Mis amigos me invitaron a jugar uno de los videojuegos, sin embargo, recibí una llamada a mi celular, no contesté, ya que la persona quien marcaba, estaba justo afuera del lugar, ella no quería entrar, no quería saludar a nadie más, era evidente, le daba cierto malestar. Así que me despedí de mis amigos, y con mi amigo con quien había hablado de las mujeres, no entré en detalles en el momento de despedirme, ya que finalmente era con su ex novia con quien yo hablaría. Así que salí del sitio, y estaba ahí, era una mujer de cabellos rizados y tez morena, es de ese tipo de mujeres que con solo verlas inspira ternura, pero a ella algo le pasaba, esa ternura que inspiraba por momentos se mezclaba con una desidia, su mirada estaba vacía. Sólo con verla, supe que la razón por la que me había buscado, poco tenía que ver con mi amigo, digamos que mi amigo sólo había sido la chispade la explosión, de una serie de situaciones que pasaban por la cabeza de esa mujer. Ahí estaba ella, en frente mío “siendo atacada por los cuervos”. A ella la llamaré Izara.
Fuimos a otro lugar, y en el camino Izara me contaba algo de su versión de la historia del fin de la relación con mi amigo (historia de la cual no entraré en detalles, ya que no tiene nada que ver conmigo), y luego, como entrando ella misma en mis sueños me contó que tenía tres problemas, de los cuales la única solución que ella tenía era una salida rápida, escapar. Solo irse, alejarse, y aunque no supe si con alejarse se refería a donde estábamos parados o a su mundo, la forma en que lo dijo, no me gustó. Así que ella bajó su cabeza, quería silencio, tal vez para detener un inesperado llanto y no exhibir ante otra persona que se encontraba en una situación de debilidad, o tal vez para esperar a que yo le dijera algo. Y fue justamente eso, lo que le dije, una de aquellas cosas trascendentales que cambian el rumbo al que presuntamente estabas determinado. Realmente era el primer paso, un punto de partida, no para esta historia, sino para el inicio de la búsqueda de mi arquetipo, alguien en quien no dejaba de pensar durante todo el día.
En una fracción de segundo en mi mente se libraba una pequeña discusión.
- El reino mental
Hasta el día de hoy, mi mente es un reino, es un lugar que se halla en disputa por diversos motivos. Tenía una frontera, y es precisamente el punto en que empieza mi realidad. Es un reino, porque ahí habita un rey, y dicho rey es lo que denomino “consciencia”. Ese rey es una figura literal, ya que no tiene un séquito, y aunque es rey, por determinar mis pasos, “rey” no es una palabra adecuada. Así que lo llamaré caballero, y como ese caballero es producto de mi lucha contra la Soledad y contra esa parte material de mí, que buscaba el odio y la destrucción de las situaciones que mis conocidos llaman su “vida”, será entonces “el caballero de la capa blanca”. Lo llamo caballero, porque protege y también es rey porque sus decisiones son para mí, acciones, ya que, mi periodo de soledad me enseñó a que debo actuar conforme a lo que pienso.
Ese reino mental en realidad no tiene castillos, ni la imagen de construcción alguna hecha por el hombre. Simplemente es un valle, en medio de algún bosque que al parecer carece de final. En ese lugar, junto a una cuenca de un río en el que no se puede observar su origen, en ese momento estaba sentado el caballero de la capa blanca, tranquilo, observando la primavera que para el reflejaba una paz interna. Y entonces, junto a él, en ese momento, emergió una rosa de entre la tierra. La tomó, era sencillo, arrancarla y lanzarla al río para que viajara sin destino. Para él no era determinante, sin embargo, sólo le dio una bienvenida, se puso de pie y empezó a caminar.
- Una promesa
Era necesario responder, decir algo, Izara tenía determinación en su llave de escape, así que lo único que pude decirle en dicho momento, era precisamente contarle una historia, de un sueño que involucraba a una rosa, a tres cuervos, y que finalmente yo había sido la persona que la protegió usando todas las herramientas a mi disposición. Y luego de contarle el sueño, le dije lo siguiente:
- “En realidad no sé qué signifique ese sueño, pero de algo estoy seguro, por algún motivo, ese sueño te involucra a ti. Sabes, para mí, tu eres la rosa de mi sueño, y los cuervos tus problemas. Y aunque no niego la posibilidad de que a tu vida lleguen más cuervos, esos tres que vi en mi sueño, son tus cuervos actuales. No me puedo quedar así de tranquilo mientras tú quieres escapar de tus adversidades, te voy a prometer algo”. Hice un breve silencio, ella levantó su cabeza y yo continué:
- Te prometo que te protegeré.
Me miró a los ojos, le sonreí, y me abrazó, diciéndome al oído: -¡Gracias!
Luego de eso, la dejé a ella en un lugar donde pudiera coger un transporte, tomé un bus para mi casa, y quería percatarme de ver al tan mencionado “loco del centro”, pero ya no había nadie en esa calle. Así que tomé un bus y empecé a reflexionar: tenía que alejar a mis amigos y a sus mentes contaminadas de las enseñanzas del falso profeta, y por si fuera poco tenía que cumplir tres promesas: la de mi niña barranquillera (impidiendo la contradicción con la promesa de mi arquetipo, lo cual era ilógico); la de hallar a mi arquetipo, que para mí era la más importante; y la de encontrar la forma de proteger a Izara, que en ese momento, era la promesa más inmediata.
-Ausente determinación
Los días que siguieron a esta serie de sucesos, pasaron de una manera repentina. Todo lo que puedo decir con respecto a estos días, fue la primera reunión de nuestro nuevo grupo independiente, el cual finalmente se llamó Agaphe. Era un grupo muy inusual, lo conformábamos Cristian (el ex novio de Izara y mi mejor amigo), un grupo de niñas provenientes de Soacha, Juanito, Lin (o feita, como ella se hacía llamar), Esteban (quien estaría próximo en ese momento al llamado vocacional que le hacía su religión para ser un sacerdote, pero que por motivos de amor y de discusiones filosóficas al modelo de formación, se encontraría estudiando una carrera, en alguna universidad. Su historia es tan bella, que merece ser contada, pero éste no es el mejor escenario para eso, es una historia que en lo personal espero que él escriba por su puño y letra), Lee (quien era ex novio de la niña a la cual le entregué una orquídea), su hermano y yo.
Los coordinadores, y líderes innatos de dicho grupo ya estaban determinados, seríamos Cristian y yo, nadie nos eligió, simplemente siguiendo el modelo del movimiento juvenil que profesábamos, y por todo lo que habíamos logrado en nuestro grupo anterior, era necesario que dirigiéramos el mismo. Esta fue una situación que evidentemente no le gustó a Juanito, quien, al perder poco a poco su condición de profeta desde el día de mi retorno, y debido a mis extensas charlas desde ese día a cada uno de mis amigos, contándoles mi historia y convenciéndolos de que el hecho de hablarnos de “tú” era el primer síntoma de una enfermedad rosadita que afectaba la masculinidad, lo cual quería Juanito, para su próspero mundo homosexual, donde las mujeres eran innecesarias, a menos que ellas fueran jovencitas de colegio que fácilmente pudiera corromper, pero no para nada sexual, sino para simular.
Así que entre todos estos aspectos que algún día harían ignición en el interior de nuestro propio grupo, Cristian dirigió la segunda reunión, dejando la parte de las dinámicas a Lee, que combinando un estilo de un grupo recreativo de una empresa conocida en el país, con un poco de danza y movimientos de pelea, daba un nuevo sentido a lo que nosotros conocíamos como técnicas de animación. Realmente tenía que hablar con Lee, su situación actual, que combinada con un egocentrismo desbordante, le impedía ver el lado humano de su realidad, además yo era muy consciente que él sería determinante para establecer mi situación de ése momento y también la futura. Pero dicha charla no tendría lugar ese mismo día, sino después, algo ocupaba cada día más espacio en mi mente, se trataba de Izara con quien ese mismo día me iba a encontrar.
Cada día, eso era más difícil de ocultar, viejos relatos de mi mente, cuentan que en mi reino mental, de un día para otro la brisa traía consigo pétalos de rosa, pétalos, que ya no desconocía el caballero de la capa blanca; se decía que se recostaba sobre ellos, miraba al cielo y sonreía. Lo que acontecía con Izara era una situación muy particular, pero a eso no le daba la importancia que se merecería, dado que en ese momento aun no tenía indicio alguno de mi arquetipo, lo cual me tenía en una indeterminación. Desde que salí de mi periodo de soledad, la razón de mi búsqueda, dejó de hablarme en su forma elemental, mi contacto con ella fue mientras estaba solo y en mis sueños, es como si roto el contrato se haya roto la comunicación. No podía perder mí tiempo, debía hallarla, era consciente que ella no estaría toda su vida esperándome, y en el escenario de perder mis esperanzas con ella, significaría para mí un colapso del cual difícilmente podría recuperarme. Hoy, en Cruces, rememoro todos esos recuerdos y pienso que el escenario adverso que me imaginaba en ese entonces, no es absolutamente ni un grano de arena frente al desierto en que vivo muriendo.
Así que usando la poesía como un medio para llegar a ella, así como ha sido para mí una herramienta para expresar mis sentimientos, solo, frente al computador, escribí lo siguiente y lo publiqué en una red social, esperándolo que ella, tal vez algún día lo leyera:
“La búsqueda
Veo que no aparece
una razón para apaciguar un suave suspiro,
no te veo entre las piedras
ni en el susurro efímero del viento,
y aun sin verte o por lo menos conocerte...
te pienso, me haces falta.
Soñé que emergías de algún loto,
y que caminabas entre mi oscuridad reflejando luz propia.
Te acercabas, lentamente entre la selva
en la cual yo consistía… Y me abrazabas,
juntos moríamos hechos cenizas a causa de un fuego
que ambos creamos.
Soñé que volábamos al lomo del cielo,
hechos polvo de tanto querernos,
y que descendíamos al lugar
donde las azucenas embellecen.
Un suave territorio en el que no nos juzgaban,
y se llenaban de dicha por tenernos a su lado,
por volver a casa.
Despertar es morir en una fantasía perfecta,
¡Oh bella dama del loto!, tu inexistencia es mi duelo,
pero a la vez es mi creencia.
Olvidarte, seria eliminarme
y matar todo aquello por lo que viajo,
siguiendo la ruta del firmamento,
para buscar en un susurro efímero tú reflejo,
o en el país de las azucenas
algún vestigio del abrazo que soñé ser verdadero.
Veo que no aparece
una razón para apaciguar un suave suspiro,
pero si la hay, para justificarlo.
Te hallaré, de alguna forma, así me tome
gota a gota mi existencia, para llegar a ello”.
Pero no la encontraba, podía simplemente salir y gritar al cielo que la amaba sin verla, pero ella no me escucharía, mi arquetipo tal vez estaba lejano en algún espacio del firmamento, como una estrella. Así que noche a noche durante las siguientes semanas, miraba al cielo, estaba seguro que la mujer de mis sueños lo miraría también, puede ser que esa sería la única forma de relacionarnos. Y aunque estaba consciente que cuando saliera de mi periodo de soledad ella no sería la primera persona a quien vería, y tal vez me enamoraría de otras mujeres en el transcurso de mi búsqueda, lo cual puede que me diera experiencia y mejores argumentos para llegar a ella, una posibilidad que no descartaba, dada mi situación sentimental en ese momento.
Afortunadamente, en ese periodo de tiempo algo ocupaba mi mente, se trataba de Agaphe, nuestro grupo independiente, y también, estaba invadido por las historias y expresiones de Izara, quien me tenía muy ocupado buscando cada día que nos veíamos, nuevas formas para convencerla de que podía luchar por ella misma y de que podía obtener lo que quisiera. La vida, es una aglomeración de ironías, una pretensión no es constante, y la primera vez que lo comprobé fue con ella, la mujer que simbolizaba dicha rosa. En ese momento solo quería que ella lograra tomar al mundo entre sus manos, pero con cada detalle que sabía de ella, con cada día que pasaba en el cual la conocía más, con cada sonrisa que me hacía y cada vez que lograba que brillaran sus ojos, yo me estaba involucrando bastante, y para no perder mi rumbo, pensaba que ése era un paso necesario en mi búsqueda.
Llegó el día de la tercera reunión de nuestro grupo independiente, yo era quien la presidiría, así que empecé mi actividad, como era mi estilo, empezando con una reflexión, pero ese día no sería una oración, como era la monotonía de nuestro grupo, yo quería que ellos abrieran sus mentes, así que siguiendo una tradición Hindú, la reflexión consistió en una meditación. Y aunque yo no era un maestro autorizado para llevarlos al estado de abrir los siete chakras principales de cada uno, tenía algo de experiencia, dado que esa práctica era mi inicio de cada día en mi periodo de soledad. Seguido de la reflexión, ante el disgusto de Lee, me encargué de la dinámica, que combiné con el tema del día, la renovación de los elementos de cada grupo, tanto física (de sus miembros), como de sus ideas. Fue una reunión brillante, me sentía plenamente vivo, no ponía en práctica mis dotes de animador desde el día de la luna maldita, es decir, llevaba casi seis meses sin dirigir un grupo. Así que ante tanta alegoría Cristian viendo esa luz de paz en mis ojos, me invitó a un encuentro masivo, es decir, la reunión de la sala plena de líderes de muchos grupos perteneciente a la misma comunidad religiosa de los distintos colegios. Pero no iríamos como participantes, ni como coordinadores, seríamos los organizadores. Era muy sencillo, teníamos que hablar con la madre superiora de la comunidad de los colegios femeninos de Bogotá, y proponerle impulsar el asociacionismo (conjunto de grupos haciendo vida grupal en un espacio determinado) de esos colegios, que estaba en descenso. Crearíamos una casa que acogería a los líderes de los grupos, los formaríamos y para ello haríamos distintos encuentros como al que iba a ir con Cristian. Sabía que Izara iría a dicho encuentro, y para ese entonces, yo ya tenía planes. Y otro que tenía planes era Juanito, quien escuchándonos tras bambalinas, empezaba hablar al oído con cada uno de mis amigos. La quinta reunión, sería definitiva, Agaphe estaba al borde de su extinción, y digo la quinta, porque la cuarta estaba a cargo de Juanito, y para éste cretino, el grupo debía existir por lo menos una semana más.
Mi relación con Izara cada día tomaba un matiz distinto, no solo nos veíamos seguido, hablábamos por teléfono y hasta teníamos una página en internet, solo para nosotros dos, para escribir lo que hacíamos, nuestros estados de ánimo y guardar en secreto nuestras confesiones. Vivíamos en un mundo sin espacio, en el que nadie intervendría, sencillamente ella era la dulcinea de un mundo creado para nosotros mismos, mi rol, era ser para ella un buen Quijote. Con gusto le hubiera dedicado en ese momento más de mi tiempo, pero por esas épocas entré a la universidad, era un regocijo inefable, poder entrar a la universidad que adoraba, era uno de los motivos por los cuales viví por un tiempo solo, sin el contacto de mis seres queridos. En los días de soledad me imaginaba entrando por la puerta de esa universidad, y eso me impulsaba a estudiar todos los días para ese examen de admisión. No puedo decir mucho de esa semana de inducción, solo que conocí a tres grandes amigas, quienes para esta historia serán llamadas Cristal, Karen y Karen Sanclemente. Éramos un gran grupo de cuatro, nos contábamos mutuamente historias de nuestros pasados y en general de las contradicciones de nuestras vidas, fue precisamente Karen, después de terminar el relato de una de mis historias, quien diciéndome: “dale una oportunidad”, me motivó a una determinación que con palabras de ella me merecía para mi futuro a corto plazo. Y viendo que en esa semana de inducción, entre tantas personas de las carreras de Derecho y Ciencias Políticas, no había indicio alguno de mi arquetipo, me decidí entonces a ello.
Pensaba constantemente en Izara, como lo dije anteriormente me estaba involucrando, y algo tenía que hacer, definitivamente algo me enseñó la Soledad y era precisamente a no estar solo, entonces aquel viernes en mi casa tomé mi teléfono inalámbrico, lo puse sobre mi cama, estaba decido a llamarla, debía verla y contarle todo lo que pasaba en mi corazón. Pero sabía que tenía que hacer algo antes de eso, así que cerré mis ojos y hablé con el caballero de la capa blanca, él comenzó el diálogo diciendo:
- En verdad usted hará eso.
- Estoy decidido a ello.
- Y que pasará con la mujer por la cual regresó de los brazos de la Soledad.
- Tendrá que esperar o tal vez la tenga frente a mí.
- Amigo, que ella sea a quien busca, es una remota posibilidad.
- Pero aún así sigue siendo una posibilidad.
- Si va a empezar un nuevo ciclo con ella, este es el momento, luego será muy tarde.
Y con estas palabras dichas por el caballero, salí del trance, tomé mi teléfono, marqué su número, y en ese instante entró una llamada a mi celular, era Cristian (que ironía), quien me avisaba que debíamos reunirnos urgentemente con Sor Celia (la madre superiora de la que hablé anteriormente), para ultimar los detalles de nuestro gran encuentro que sería al día siguiente. Así que inmediatamente tomé mi chaqueta, miré al teléfono y diciendo entre mí “mañana será”, salí de mi casa.
Llegó entonces el gran día del encuentro, estaba ansioso por ver los resultados y dar inicio a lo que sería Agaphe inspectorial, algo irónico de mi vida es que cuando organizo un gran evento, grandes sucesos pasan, y esa no fue la excepción en esta oportunidad, mis amigos y yo tendríamos por distintos motivos giros en nuestros destinos. El mío tal vez sería el más próximo, esperaba la llegada de Izara, pero algo me llamó la atención, era una mujer de suaves rasgos en su rostro, sentada en una columna del colegio en el cual realizaríamos nuestro evento. Me acerqué a ella, y como anfitrión, la saludé, se hizo llamar Laurita, inmediatamente supe que era amiga de Izara y de esa mujer que simboliza la luna maldita. Hablamos durante un largo rato, tal vez en algún momento llegó Izara, no lo noté, y aunque no pronuncié palabra alguna sobre ella a Laurita, ésta última empezó a hablarme algo de la primera dama. Laurita me contó historias del en ese entonces presente de Izara, y como un muchacho de décimo, de mi colegio le gustaba mucho. En ese momento tomé esa noticia por sorpresa, podía entrar en un shock en mi mente, pero fue la misma Laurita la que se encargó de no dejarme hacerlo. Durante todo el encuentro, estuvo cerca de mi, y bueno, también cerca del presunto casi novio de Izara, y en los momentos en que Laurita estaba con él y no conmigo, me encargaba de las actividades propias del encuentro. Tenía algo relativamente claro en mi mente, el destino de Izara y mío no estarían unidos por el momento, si ella era feliz como aquel sujeto, en primer lugar como su protector, debía aceptarlo, ya que el objetivo principal era buscar su felicidad. Ese día el encuentro terminó siendo un éxito, sor Celia en su discurso final me llamó, levantó mi brazo y pidió un aplauso para mí, “este muchacho que ven aquí es de las personas que mas aprecio, es un excelente animador y una excelente persona”, dijo ella. Son palabras y recuerdos, que hoy en Cruces no olvido. Sor Celia, como alguna vez me dijo Sor Rocío, dejó una semilla en mí. Esa mujer, donde quiera que esté actualmente, debe estar en paz, con ella se fue el último vestigio del verdadero movimiento juvenil.
Al finalizar el encuentro, Laurita me abrazó, constantemente me besaba las mejillas y yo respondía a sus caricias. Había pasado un día completo en el que poco hablé con Izara, y Laurita empezaba a tomar fuerza en una primera historia que terminaría alejándonos indefinidamente a nosotros tres. Pero en ese momento, lo único que hice fue invitar a Laurita a Agaphe, quería que fuera a la reunión de grupo, y ese mismo día quería ser el novio de ella.
Pasaron los días, la primera semana de clases en mi universidad me dio a entender que sería difícil la carrera como tal, la exigencia era mucho mayor que en el colegio, ya había hecho algo difícil, que era ganarme el derecho de recibir clase en esas aulas, ahora tenía que hacer algo más difícil, mantenerme en ella. Entonces mis días libres se iban reduciendo poco a poco a los fines de semana, y estaba contento, por que el siguiente sábado me encontraría con Laurita en el grupo. Aquel día ella llegó temprano, irónicamente junto a la mujer de la luna maldita que al parecer teniendo una enfermedad en sus labios, o tratando de establecer un record, quería “gozarse” incluso con el hermano de Lee.
Que puedo decir de ese día, fue un fracaso total, Juanito, al ver que todos estaban conmocionados con mi reflexión de la semana pasada, quiso realizar algo similar para obtener a su público falazmente copiando las actividades de los otros, así que con las indicaciones de él nos recostamos en un salón del colegio que era nuestro punto de reunión, cerramos nuestros ojos y él empezó a hablar, no quiero contaminar mi historia con lo que él dijo, sólo me quiero referir en este punto a que el hablaba cual periódico amarillista de las condiciones de los más necesitados, siendo muy enfático en sus cuerpos cuando les falta el hambre. Y en eso, tardó tres horas, todo el tiempo de reunión y más. Yo necesitaba tiempo para hablar con Laurita, dado que ella me dijo que tenía un compromiso importantísimo en la tarde con la mujer de la luna maldita. Pero mi tiempo era aún más corto, dada la reflexión de tan particular falso profeta. Así que la parte final de la reunión que estaba a cargo de Feita, nos pidió que abrazáramos a alguien, yo por supuesto abracé a Laurita, y en ese momento ella me dio un corto pero sutil beso en la boca, solo necesitaba entonces un par de minutos más para formalizar el asunto, por decirlo así. Justo cuando acabó la reunión detuve a Laurita, le dije que fuéramos a tomar algo, y ella insistió en irse, no quería ser de esos novios posesivos, así que asentí con la cabeza. Me quería despedir de ella, pero no pude, ya que su amiga a quien yo detestaba, se la llevó rápidamente, entonces solo tuve tiempo para tomar su mano por un instante.
Me fui para mi casa, pensaba mucho en Laurita, pero por alguna extraña razón también pensaba en Izara, y aunque el segundo pensamiento era más fuerte, el primero me brindaba mayor seguridad. Izara presuntamente estaría con alguien, siendo este su destino, y por mi parte, yo empezaría a forjar el mío junto a Laurita. O por lo menos eso era lo que creía, aquel sábado en la noche recibí una llamada, era de la mujer de la luna maldita, que no había tenido el descaro de borrar mi número celular. Cuando contesté me dijo lo siguiente: “no busques más a Laurita, te va a lastimar, ella en este momento, está con otra persona”. Ese día yo había salido a una noche de cine con mi hermana y su novio, así que como es de costumbre, salimos al frente del cinema a comer algo, y cuando recibí la llamada de ella, me encontraba comiendo. Inmediatamente en ese momento me paré de la mesa, salí del sitio y llamé a Laurita. No podía escucharla muy bien, ya que sonaba música, lo único que entendí fue un: “lo siento amor, estoy con Ricardo”. Ese sujeto, precisamente ese Ricardo, quien Laurita en ese encuentro me había dicho que era el gran amor de Izara, es algo astuto por parte de ella y a la vez es triste. Por unas semanas le di la espalda a mi rosa, por seguir las palabras de una mujer pasajera, que al igual que su amiga, la dama de la luna maldita, tenía ciertas inconsistencias entre sus actos y sus pensamientos. En ese momento no entendí si Laurita traicionó a Izara siendo la novia de Ricardo, o si lo de Ricardo era un invento de Laurita ya sea para alejarse de mí o para alejarme de Izara, realmente nunca supe de Izara lo que sucedió, ya que nuestros espacios, únicos de los dos, yo los había descuidado en la semana que salí con Laurita.
Cuando Laurita me dijo eso por teléfono, sentí un vacío en mi corazón, me sentía un juguete, me sentía el sujeto que era antes de entrar a mi periodo de soledad. De ese instante solo recuerdo que le dije a Laurita: “porque será que con mujeres como tú tengo el mismo final”. En ese momento en mi reino mental, donde se establecía la paz hecha primavera, empezó a llover, el caballero de la capa blanca se levantó y volvió a la cuenca del río, cuenta el caballero que sintió un olor a azufre, y en ese instante de la tierra emergió una estatua. Era tallada totalmente de madera, era una figura humana como hecha por algún habitante de la antigua Mesopotamia. Al caballero le intrigó que en el centro de dicha estatua había tres diamantes blancos, y en ese momento el primero se volvió negro, era fácil entender que algo sucedería si se ponían negros los tres, era fácil determinar que el emerger de la estatua y el primer diamante negro se debía a Laurita.
Al lunes siguiente, yo no quería saber de nada, ni de nadie, estaba muy triste, solo quería acostarme en uno de los prados de mi universidad y quedarme así hasta que empezara a sentir sed, y mi cuerpo deseara mezclarse con la tierra. No podía prestar atención a la clase de “argumentación jurídica”, Laurita y su actitud estaban afectando otras facetas de mi vida.
Me sentía engañado, usado, cuestionaba incluso el porqué de mi desaparecimiento durante tan largo tiempo, si mis resultados en las relaciones sería prácticamente el mismo. Estaba en una ironía existencial, no tenía rumbo, no había nadie que diera algo por mí. Y en ese preciso momento, como si escuchara un ente que manejare mi propia existencia, todos mis alegatos, el docente señaló a una mujer que se encontraba en un asiento diagonal a donde estaba sentado yo, ella empezó a hablar, para responder una pregunta que le había hecho, y el docente le pidió que se pusiera de pié, así que lo hizo y siguió hablando. No lo niego, su tono de voz se me hizo bastante familiar, levanté la mirada, y ahí estaba ella, era una mujer de cabello castaño, flaca y bajita, tenía una sonrisa que impactaban incluso a los mismos dioses del Olimpo, y su forma de ser era tan sutil y recatada que inspiraba una ternura y a la vez un deseo. Cuando la vi el tiempo se detuvo, sentí que mi corazón latía mas rápido de lo normal, no era una simple mujer, estaba seguro, ¡era ella!, la mujer que no había escuchado durante tanto tiempo, aquella que buscaba, y la cual, ya no estaba viendo en su forma elemental. Era una dama de carne y hueso, que en ese momento impresionó al docente por ser tan Locuaz y coherente al tratar el tema del problema del concepto en el juego de lenguaje, tratado en los textos de Ludwig Wittgenstein, y de paso, me impresionó a mí. Así que el docente como que para felicitarla quería darle un incentivo en su lista de estudiantes inscritos al curso, así que le dijo: “me recuerda su nombre”, a lo que ella respondió, volteando su mirada a donde yo me encontraba:
- “me llamo Estrella, señor”.

PRÓXIMAMENTE CAPÍTULO IV
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